Jardiel Poncela

Usted tiene ojos de mujer fatal. No pierdas la oportunidad de leerlo

viernes, 4 de marzo de 2011

En Lisboa vale la pena ser niñata

El otro día salí a la calle a caminar como las locas. Pareciera que me perseguía un depredador con un hacha y decidi lanzarme a caminar como una descosida, intentando q mi cabeza dejara de dar vueltas, claro, a cambio de que mi cuerpo las diera frenéticamente.
Diez minutos después, los pensamientos se iban recolocando y la catarsis interior no se si perdió importancia o pasó al ricon de "despropósitos varios"
Fue entoces cuando comencé a interelacionarme con el medio que me rodeaba. Dando vueltas y más vueltas a la orilla del mar, por el paseo marítimo del Charco de San Ginés de Arrecife, mi parte selenita comenzó a imaginarse las vidas o aventuras y desventuras de aquellos que paseaban como yo. Lo primero que hacía era examinar la causa de su presencia maratoniana. Las señoras de más de 50 años, caminaban en manada. Empecé a observar que se mimetizaban, desviándose a izquierda o derecha a la vez como si de una bandada de pájaros se tratara. Incluso, los colores de sus chándals parecían un perfecto camuflaje. Caminando juntas, formaban un bloque indiviso que nadie podría franquear, y sí, te echaban del camino porque ellas eran el colectivo fuerte.

Evidentemente no faltaban los enamorados. Ellos iban a otro rítmo porque sólo les interesaba lo que pasaba en ese núcleo especial que formaban. Empujada por la envidia asquerosa, los adelantaba sin más claro que, ni se percataban de mi existencia.

Las familias con niños conformaban un obstáculo casi tan duro como las viejillas del chándal. Equipados con bicicletas, patines y pelotas eran un hueso duro de roer, porque mientras caminaba hacia ellos me decía, son pequeños pero malignos y tienen armas pesadas en su poder. Efectivamente, cuando llegabas a su altura, las fieras comenzaban a moverse con agitación, buscando cruzarse delante de uno a pique de hacernos tropezar pero no nos podemos engañar, sólo me hubiera caído yo, ellos tienen todos los movimientos estudiadísimos y he llegado a la conclusión que lo hacen a posta para vencer a alguien más alto.

Por otro lado te tropezabas con el grupo del colesterol. Estos son fácilmente reconocibles por los comentarios que escuchas al pasar cerca. Siempre oiremos palabras como "el médico me dijo..." "me hice una analítica y a que no sabes a cuanto tengo el azucar" "caminar es lo mejor que hay para esto"

A cada encuentro, comenzaba mi mente dispersa a inventarse cómo serían sus vidas, cómo hábian llegado ahi y cuantas vueltas aguantarían. Pero entonces adelanté a una pareja joven. Él tenía mucha pinta de homosexual adolescente pero ella era un collage de los 80, es decir, un disparate creado únicamente para intentar llamar la atención. Cuando ya me encontraba a su altura pude comprobar que ese look era más que apropiado, porque disimulaba con creces su fealdad, es decir, la chica dominaba el arte del engaño. Pero fue entonces cuando escuché aquella frase. La fea hortera abrió su boca para decir : "En Lisboa sí que valía la pena ser niñata" MENUDA FRASE. Mi mente entró en una espirar frenética que ni ella misma sábía hacia donde la llevaría. Pero quien era semejante personaje. Las preguntas destinadas al resto de caminantes no me darían respuestas. Tamañas palabras me habían dejado descolgada. ¿Qué objetivos quería lograr? Impresionar al chico es, por lo menos, descartable, porque era super gay.¿Ser el centro de antención? No había nadie más, salvo que ya haya asumido el papel de protagonista.
Mi mente comenzó entonces a imaginarse la vida de la "fea encubierta" en Lisboa. Yo misma había estado en esa ciudad y me pareció de lo más normal. ¿Sería que estaba loca o que quería parecerlo a ojos de desconocidos? Todo esto se me ha escapado de las manos y todavía repiquetea esa frase en mi mente. ¿Qué piensan ustedes? Ayúdenme a desentrañar este misterio y les estaré eternamente agradecida.

3 comentarios:

Tegala dijo...

¿Puede ser que en Lisboa haya una zona oculta para poder ser niñatos? Yo también estuve hace años en Lisboa y me pareció una ciudad muy bonita pero también normal, sus gentes no me parecieron niñatas.
Tal vez tenías que haber aminorado el paso y escuchar un poco más de lo que venía tras esa maravillosa frase.

Otra cosa ¿no crees que el grupo de las señoras mayores pertenecen también al grupo Colesterol? Yo creo que sí. Seguro que salen a caminar por prescripción facultativa.

Un abrazo.

teresa dijo...

No creo que fuera prudente quedarme cerca de esa persona, podría ser contagioso el mal gusto ¿no? jejej

Por otro lado, seguro que las viejecillas tienen algo mal en la analítica, lo que les mueve intereses bien distintos al caminar, como por ejemplo, criticar a todo el mundo ¡te sacan los ojos! lo se por cómo te miran jej

Shubhaa dijo...

Qué divertido eso de observar la conducta humana!! Eso sí, después de las últimas noches podríamos escribir un decálogo de despropósitos, jajaja
Respecto a la niñata de Lisboa, yo creo que se fue de viaje, y sin miradas conocidas que la pudieran juzgar, la niñata se comportó como tal. Será que aquí se reprime??
Besos